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demencia

La demencia no es una enfermedad específica, sino un término general asociado a diferentes patologías lo suficientemente graves para interferir en la capacidad de una persona para realizar las diferentes actividades de la vida diaria.

Ésta se produce como consecuencia de una lesión a nivel neurológico, que provoca en la persona afectada la progresiva pérdida de las diferentes funciones y capacidades neuropsicológicas, motoras y a la larga funcionales, necesarias para realizar con éxito nuestro día a día.

Hoy en día son muchas las patologías que pueden provocar demencia, siendo las más comunes:

  • Patologías de origen neurodegenerativo tales como el Alzheimer, demencia con cuerpos de Lewy, Parkinson, etc.
  • Patología cerebrovascular.
  • Y otras patologías como: traumatismos craneoencefálicos, enfermedades metabólicas, enfermedades infecciosas (sida y sífilis) e intoxicaciones por alcohol y drogas.

 

Convivir con la demencia

Toda persona que convive con una persona con demencia sabe lo difícil y laborioso que resulta en ocasiones convivir con ésta enfermedad. La adaptación y el manejo a esta nueva situación sera un punto clave para una adecuada convivencia. No obstante, para poder llegar a este punto, debemos reflexionar sobre la importancia de la autonomía en una persona mayor con demencia.

¿Y Por qué es necesario reflexionar sobre la autonomía de la persona mayor, y más concretamente, cuando padece demencia?

A día de hoy, la mayor parte de la sociedad ha escuchado en algún momento que cuando una persona tiene demencia se debe fomentar su participación en las diferentes actividades de la vida diaria como parte del tratamiento. No obstante, en la mayor parte de los hogares en los cuales hay una persona mayor con demencia, esto no se hace.

¿Y cual es el motivo?

Supongo que en el momento en el cual un ser querido es diagnosticado de demencia nuestra propia condición humana se rinde a la lógica.

De esta forma, a medida que la enfermedad avanza y que la propia persona con demencia va perdiendo capacidades, su entorno familiar tiende a sobreproteger y anticipar necesidades como un medio de cuidado. No obstante, estas conductas lo único que logran es fomentar la dependencia y posterior progresión de la enfermedad.

Por ello, el objetivo principal del tratamiento y el cuidado tanto por parte de la familia, como del propio personal de atención directa a nivel sanitario de una persona mayor con demencia; deberá ser siempre, el mantener la máxima autonomía personal de la persona el mayor tiempo posible.

Ya que la estimulación de la persona mediante la participación en actividades cotidianas como pueden ser comer, vestirse, ducharse, asearse, salir a pasear, ir de compras, etc. No solo nos permiten que la persona se mantenga el mayor tiempo posible autónoma, sino que también nos permite estimular capacidades a nivel sensorial, perceptivo, cognitivo y motriz.

 

Dicho esto, me gustaría compartir con todos vosotros 10 consejos a tener en cuenta para mejorar la convivencia con una persona mayor con demencia.

 

Consejos:

  1. Aceptar que nuestras acciones van a influir de manera directa en la calidad de vida de la persona cuidada, así como en el avance de la enfermedad.
  2. Mantener unos hábitos de rutina diaria en las diferentes actividades. De tal forma que las mismas se realicen siempre a las mismas horas, en los mismos espacios y por las mismas personas (no variar horarios ni costumbres, a no ser que sea necesario). Ya que esto contribuye a mantener e incluso mejorar las habilidades del enfermo, proporcionando unos hábitos de ocupación diaria que fomentan la autonomía y seguridad.
  3. Estimular y/o mantener las capacidades conservadas mediante la participación de la persona en las diferentes actividades de la vida diaria. Para ello, simplificarlas al máximo y acompañarlas de un refuerzo verbal de los pasos a seguir (hablar de forma sencilla y clara), de tal forma que logré hacerlas sin ayuda. No en tanto, en aquellos casos en los que realizándolas, cometa algún error, no darle importancia y explicarle como debe hacerlo, ayudándole cuando sea necesario.
  4. Ofrecer apoyo y comprensión en todo momento.
  5. Respetar los «tiempos» de la persona, permitiendo que realice las actividades de la vida diaria en el ritmo que la persona precisa.
  6. Proporcionar un entorno lo más estable y adaptado posible.
  7. Dar tiempos de tranquilidad.
  8. Estar alerta ante cambios en la conducta, estado de ánimo, enfermedades, etc.
  9. Normalizar los cambios conductuales, comprendiendo su estado y ser lo más flexibles y pacientes. Tener en cuenta, que la discusión aumentará su confusión y agitación, por ello, intentar buscar otro tema de conversación o alguna forma de evadir el motivo por el cual la persona se sienta nerviosa.
  10. Y por último, y no por ello menos importante, adquirir una actitud lo más positiva posible.

Natalia Otero Pazos

Terapeuta Ocupacional-Especialista en rehabilitación neurológica
666126522
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