dolor y obesidad

Ya os hablamos en anteriores artículos de los efectos que tiene la obesidad en las articulaciones. Hoy me gustaría contaros cómo también puede afectar a nuestra percepción del dolor.

Y es que no solo importa la carga física que supone. También la acumulación de grasa en el organismo provoca alteraciones metabólicas que aumentan la inflamación crónica generalizada, cosa que empeora el dolor.

Esto hace que sintamos más dolor porque se potencia la sensibilización central y se perjudica el equilibrio metabólico, endocrino e inmunitario.

Pero, ¿qué es la sensibilización central?

La sensibilización central hace que nuestro cerebro esté en un estado de alerta permanente y reaccione de forma exagerada a los estímulos incluso no dolorosos; magnificando así la información sensorial que nos llega del medio.

Es decir, aunque los nervios que se encargan de llevar la información al cerebro funcionen normalmente, la información se amplifica y aparecen varios fenómenos «extraños». Destacamos dos, por ser los que más influyen en la sensación de dolor: 

  • Alodinia: nuestro cerebro “traduce” como dolor sensaciones de estímulos que no son dolorosos de forma normal. Como por ejemplo, la luz, el roce o la temperatura.
  • Hiperalgesia: respuesta aumentada ante estímulos dolorosos, es decir, que algo que debería doler muy poco pero duele muchísimo.

Este fenómeno se conoce desde hace relativamente poco y se continúa estudiando mucho sobre él. Por lo que en la población el desconocimiento es todavía mayor. En muchas ocasiones a la persona afectada le cuesta creer que no tenga ninguna lesión. Y las personas que lo rodean lo suelen tachar de exagerado al no comprender que pueda sentir tanto dolor.

Pero es importante diagnosticarlo ya que si se mantiene en el tiempo puede llevar a la perpetuación del dolor y la aparición de un dolor crónico.

Dolor crónico

El dolor crónico es aquel que presenta un carácter intenso, que se mantiene en el tiempo, alterando la vida del individuo. En este caso, por tanto, deja de tener una función protectora y deteriora la salud y las capacidades funcionales, convirtiéndose en fuente de sufrimiento y de discapacidad.

Diagnóstico de sensibilización central

La exploración de la sensibilización central no es sencilla. No se basa en la aparición de un único signo o síntoma.

Para ser considerado como “síndrome funcional” tienen que darse dolor sin causa fisiológica u orgánica que lo explique. Pero siempre después de haber realizado una exploración exhaustiva y las pruebas médicas necesarias. Si esto se produce, podemos sospechar de un proceso de sensibilización central.

Es típica la aparición de dolores por todo el cuerpo que cambian de ubicación constantemente. No se asocian a estímulos mecánicos y lo responden temporalmente a algunas medidas terapéuticas. Las personas afectadas también son hipersensibles tanto a estímulos mecánicos como térmico.

También es necesaria una valoración de las funciones cognitivas (memoria, concentración, cálculo..), vegetativas o inmunológicas.  

En la exploración física buscaremos la presencia de una sensibilización central mediante la valoración de umbrales del dolor, tanto a nivel local como a distancia y a diferentes estímulos. Se debe valorar también la calidad del movimiento, que se va a ver afectada en pacientes con sensibilización central.

Aunque, de todas formas, lo importante no es que se cumpla alguno de estos puntos sino que se establezca un cuadro consistente de sensibilización central.

Tratamiento

El tratamiento de la sensibilización central se orientará a la resolución de los problemas que aparecen en la clínica.

En caso de que el paciente presente obesidad será básico que cambie sus hábitos de vida. Hay una estrecha relación entre el aumento de masa grasa abdominal y el aumento del dolor. Los pacientes con sobrepeso sienten más dolor, tienen peor salud y  peor peor calidad de vida.

El mantenimiento de la masa muscular se relaciona con una mejora en el dolor. Por eso, conseguir un peso corporal adecuado y procurar mantener la masa muscular son factores básicos para reducir el dolor.

Por eso resulta esencial acudir a un profesional de la nutrición que valore su estado y elabore dietas confeccionadas específicamente para él en función de sus circunstancias. Y combinarlo con la práctica de actividad física de forma regular.

Ana González

Fisioterapeuta
982873799
Nº registro sanitario logopeda reactive: C-27-001230
Nº registro sanitario psicología clínica reactive: C-27-001210
Nº registro sanitario odontología reactive: C-27-001203
Nº registro sanitario fisioterapia reactive: C-27-001127
Nº registro sanitario terapia ocupacional reactive: C-27-001128
Nº registro sanitario podología reactive: C-27-001180
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Dietista - Nutricionista
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