Para entender cómo se produce una hernia discal, primero es importante entender la estructura del disco intervertebral. En los esquemas se asemeja a un “huevo frito”:
  • La estructura central de tipo gelatinoso y se llama núcleo pulposo. El núcleo tiene la capacidad de absorber y retener agua.
  • La “yema” estaría formada por capas concéntricas de fibras de colágeno llamadas anillo fibroso. Estas capas rodean y protegen al núcleo.

El disco intervertebral se encarga de amortiguar y repartir las cargas que se generan en nuestra columna vertebral.

Degeneración discal

 Cuando el disco comienza a degenerar, las capas del anillo fibroso se comienzan a fisurar y pierden la capacidad de contener al núcleo pulposo.

** Pero ojo! La degeneración del disco es un proceso natural que se produce como consecuencia del envejecimiento. Ya a partir de los 20 años nuestros discos empiezan a perder agua de forma natural. Aunque es cierto que si no cuidamos nuestra espalda, este proceso se puede acentuar y dar mayores problemas a medio y largo plazo.

Las lesiones que pueden (o no) producirse en el disco son:

  • Protrusión: rotura de las fibras internas del anillo fibroso. El núcleo entonces se desplaza en la fisura que se crea haciendo protruir el disco (se abomba). Como las fibras del anillo que están inervadas (y pueden transmitir dolor) son las externas, la protrusión puede no dar sintomatología. De todas formas, la protrusión, al salir, puede estrechar el canal por donde pasan los nervios y dar síntomas.
  • Hernia discal: si la rotura de las fibras es mayor, se puede producir la expulsión de una parte del núcleo, con afectación de las fibras más externas del anillo invervadas por el nervio sinuvertebral de Luschka. Las más frecuentes en la columna lumbar son en L4L5, L5S1 y las cervicales entre C5C6 y C6C7. ¿Por qué? Porque son los lugares más móviles y de más cizallamiento en nuestra columna. Las hernias en la columna dorsal son raras y suelen tener un origen traumático, ya que al articularse con las costillas, es una zona de menor movilidad.

¿Dolor lumbar = hernia discal?

 Hoy en día el 80% de la población alguna vez en su vida ha sufrido dolor lumbar. Pero alrededor del 85% de esas lumbalgias se consideran inespecíficas, es decir, no se conoce con exactitud su origen.

Nos ocurre que muchos pacientes acuden al fisioterapeuta con pruebas diagnósticas que confirman una lesión en el disco. Sin embargo, a la hora de evaluarlo, observamos que no concuerda ni su dolor ni su exploración física, con las pruebas que aporta.

Es decir, una prueba de imagen no tiene, ni mucho menos la última palabra. Muchas personas a lo largo de su vida pueden haber tenido hernias sin haberse dado cuenta porque no le están dando sintomatología. Y, cuando tienen dolor lumbar, ese dolor puede no estar causado por la hernia. Su origen puede estar en los ligamentos, músculos, puede ser un dolor irradiado de otra parte del cuerpo, etc.

 Dolor discogénico

 En caso de que efectivamente el dolor que tengas sea originado por una hernia, no debes preocuparte. Las hernias discales no cambian de tamaño con el tiempo. En vez de evolucionar y empeorar, incluso pueden volver a su sitio de origen.

 Entonces, ¿por qué puede continuar el dolor?

 Los tejidos tienen diferentes tiempos de cicatrización dependiendo de su vascularización y estructura.   Pero, a la larga, todos acaban reparándose de mejor o peor manera.

Aún así, muchas veces el dolor no se relaciona con un tejido lesionado. Lo que sucede es que se produce una sensibilización del sistema nervioso que hace que la “señal de alarma” (dolor) no desaparezca con el tiempo, aun en ausencia de peligro (daño en el tejido).

Por tanto, si ten han encontrado en pruebas médicas una hernia, ésta puede ser o no la causa de tu dolor. Se debe realizar una valoración exhaustiva para tratar el problema desde una perspectiva global, ya que la imagen solo dice que eso está ahí, pero en ningún momento nos dice cómo empezó el dolor, cuándo, qué cosas le alivia, cuáles le empeoran, etc. Datos fundamentales a la hora de llegar a saber cuál es el tejido que realmente está causando el dolor por el que acude nuestro paciente.

Ana González

Fisioterapeuta
982 87 37 99
CategoryFisioterapia
Nº registro sanitario logopeda reactive: C-27-001230
Nº registro sanitario psicología clínica reactive: C-27-001210
Nº registro sanitario odontología reactive: C-27-001203
Nº registro sanitario fisioterapia reactive: C-27-001127
Nº registro sanitario terapia ocupacional reactive: C-27-001128
Nº registro sanitario podología reactive: C-27-001180
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